martes, 12 de marzo de 2013

Lactancia y nuestras vivencias.

Cuando mi hijo Max nació, yo no tenía idea de lo que estaba haciendo o lo que haría. Prácticamente como cada etapa a la que entro, he leído un poco aquí y allá, pero poco a poco fui aprendiendo sobre la marcha ya fuera con mis doulas, o con el pediatra, o leyendo en internet, que a partir de su nacimiento tuve mucho más tiempo para leer ya que el pequeñín comía 45 minutos de cada lado!!!!
En fin, después de despabilarme lo más posible de la anestesia por la cesárea, creo que fue en la tarde/noche del día que nació Max, pregunté que cuándo debía iniciar a amamantarlo, a lo que me dijeron "qué no has empezado? pegatelo ya!". Muy bien, saqué mi seno y se lo ofrecí, no recuerdo con claridad qué tanto batallé para que se prendiera por primera vez, pero sí recuerdo la sensación física y también pasó por mi mente "wow, qué fácil!".
Amamantando a Max por primera vez.
Hasta que unos cuantos días después llegó el dolor. Y qué dolor! Era como estar tallando una herida abierta, un dolor agudo y constante por al menos los primeros 5 minutos de que se prendía! Al quinto día del nacimiento de Max, al iniciar la toma de las 5am, mi esposo despertó y le hice el comentario: "No se que estoy haciendo, o si estoy haciéndolo bien. Es un dolor insoportable, y si no me llevas hoy al club de lactancia, hoy en la tarde Max tomará biberón".
Pues ese día fue mi primera asistencia al club de lactancia. Al llegar no era la única, junto conmigo asistieron por primera vez otras 6 o 7 mamás con recién nacidos, algunas primerizas y otras no. Todas con los mismos problemas que yo, y ya no me sentí tan fracasada y tan sola!
Ese día el dolor siguió, y el siguiente, y el siguiente.... pero mi mente era otra. Yo pensaba "es normal, pronto pasará..." y así fue! Un mes después ya no había dolor, ya era normal para mi cuerpo! También pasé por problemas tales como que el bebé no se prendía bien, tenía que reacomodarlo, o tenía que ayudarlo a abrir la boca grande para poder introducir el pezón correctamente. Si entraba mal, aaah que dolor!

Después del dolor, lo difícil de los primeros meses fue el tiempo. Max comía 45 minutos de cada lado, cada 2 horas. Entonces yo pasaba hora y media (o un poco más si contamos la limpiada, cambiada de lado y acomodada) dando pecho, luego se despegaba y podía ir al baño o comer algo (porque como primeriza aún no dominaba el arte de amamantar y comer al mismo tiempo, aparte que yo soy algo desordenada para comer -cae comida por todos lados-). Entonces después de 15 o 20 minutos volvía a empezar el ciclo. Era PESADISIMO! Dormía en el sillón con mi cojín de lactancia puesto para sostener al bebé mientras lo amamantaba. Era la única manera de poder dormir: sentada en mi sillón. Claro que después de un tiempo empecé a amamantar acostada y todo fue MUCHO MAS fácil, pues descansaba más.

Así pasaba mis días y mis noches, en ese sillón con mi bebé.


De repente un buen día, de una comida a otra cambió sus tiempos de 45 minutos a 20. Se imaginarán mi espanto al ver que estaba "comiendo solo la mitad de un lado", pues comía 20 minutos y si le insistía en que comiera más (porque tenía demasiada leche que necesitaba que él consumiera) tomaba ese poco más, pero me lo vomitaba tooodo al final! Ahora se que esto es porque se sobrellenaba, pero en su momento me fue muy difícil de entender. Dejé de insistir en que comiera más, simplemente cuando el se soltaba yo le volvía a ofrecer, y si se volteaba ya no insistía más. Con su crecimiento él empezó a succionar más fuerte y en menos tiempo comía la misma cantidad o incluso más.
Y así como dio ese brinco, poco tiempo después dio otro muy drástico: de 20 minutos ahora solo comía 2!!! Ahora tenía más herramientas y conocimiento para saber la posible causa, así como la sabiduría sobre qué hacer. Lo manejé igual: le ofrecía continuar, pero si él simplemente no tomaba el pecho ya no le insistía. También interpreté su lenguaje corporal. El se veía satisfecho, y feliz. Ensuciaba y mojaba pañales y era muy activo, y dormía bien. Fue un bebé muy saludable.

Algo que definitivamente cambiaré con futuros bebés será algo que gracias a Dios pude identificar y cambiar sobre la marcha con Max, pero que al principio me causó corajes y dolores de cabeza: tenía una "app" en el celular que registraba cada toma de leche, con tiempos y lado. Tenía una alarma cada 2 horas la cual yo esperaba para darle leche, incluso si me pedía antes yo esperaba esa alarma. Empecé a practicar la "lactancia a demanda" hasta tiempo después, no se exactamente cuando dejé de usar esa bitácora, solo me di cuenta que empecé a sentirme más libre y menos preocupada. Mi hijo estaba comiendo bien, no necesitaba un aparato que me lo dijera, solo estar en sintonía con mi hijo. También el no manejar horarios hacía a mi bebé más feliz.



Max fue un bebé muy comelón. MUY comelón. Tuve miedo de tener que abandonar la lactancia cuando iniciamos con sólidos, y luego nuevamente cuando empecé a trabajar. No fueron obstáculos para nosotros.
Mucho tiempo me sentí amenazada por un comentario que me hacía mi mamá. Me decía que vio en una serie de TV sobre una mujer que amamantaba a su hijo de 3 años o algo así, y que llega otra persona y le da una leche con chocolate, la cual provoca que el niño prefiera esa leche para dejar la materna. Me preocupaba que un día lo hiciera!
Pero ahora a los 2 años de lactancia, y ahora que Max toma leche de vaca, de soya, de almendras, y LE ENCANTA, y aún así no cambia por nada mi leche, puedo decir tranquilamente que aunque yo permitiera que le dieran esa leche con chocolate (que aún no lo hago, pues no quiero introducir dulces ni procesados sinos hasta muuucho màs adelante y muy esporàdicamente) el no dejaría mi leche.

De cualquier manera, ahora que Max cumplió los 2 años, empecé a observarlo más cuando toma el pecho. Siento que cada sesión de lactancia es una menos. Se acerca el fin. Tal vez sea mañana, tal vez sea en unos meses más. A mi me gustaría terminar para los 2 años y medio, pero no la terminaré yo, le quiero permitir que el vaya dejándolo a su ritmo.

He visto los beneficios, físicos y emocionales. Max es un niño seguro, feliz, nutrido, y sobre todo SANO. No cambiaría la lactancia materna por nada. Y se que muchas mamás primerizas o no pueden tener el mismo y hasta más éxito que yo en esto, que no es fácil, tiene sus dificultades. Pero al final vale la pena infinitamente.

Max amamantando para dormir la siesta como cada día al llegar yo del trabajo. Poco antes de su 2o cumpleaños.